La lucha de Finlandia contra la Unión Soviética suscitó la simpatía y la admiración de todos los países occidentales. Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia, Bélgica e incluso la misma Italia abrieron suscripciones públicas para sostener la resistencia del valeroso país «contra la tiranía».
Pero Finlandia, más que dinero, necesitaba material y, sobre todo, combatientes capaces de contener la marea humana del Ejército rojo.
Los voluntarios que partieron en su ayuda no lo conseguirían.
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