El prestigio del anciano mariscal era todavía el mejor argumento en la propaganda del Gobierno de Vichy. Pétain recomendaba a la población que confiase en él, y que aceptara sus decisiones.
El país debía afrontar estas medidas en medio de una total miseria moral y económica, causada por el armisticio y por la obligación de pagar 400 millones de francos diarios para el mantenimiento del ejército de ocupación.
Musée des deux Guerres Mondiales, París